En un país donde los crímenes de odio por causas raciales representa el 59.1% (según la estadística sobre crímenes de odio, en sus diferentes renglones, del departamento de seguridad de Estados Unidos), parece común que ocurran situaciones como la suscitada hace unos meses atrás, dónde Sonya Massey de 36 años, una mujer afroamericana, fue asesinada por un oficial de la policía, oficial que paradójicamente acudió al llamado que ella realizó a través del 911 donde manifestó sentirse asustada por un presunto sujeto que merodeaba su casa. Los dos policías, luego de revisar la vivienda y los alrededores, se dieron cuenta que no había ningún sospechoso cercano a la residencia, al conversar con la mujer uno de los policías se percató de que no era apta psicológicamente, razón por la cual comenzó una especie de interrogatorio donde le preguntaba su nombre y le pedía que le mostrara una identificación. El ambiente se empezó a poner tenso, la mujer no sabía ni siquiera cómo decirle su nombre y a medida que el tiempo pasaba, el oficial se fue tornando más hostil. En la cocina de la mujer había una olla sobre la estufa encendida, el oficial mandó a la mujer a apagar la estufa y, cuando la mujer estaba en la cocina haciendo lo que el oficial le ordenó, de repente este se sintió amenazado, diciendo que la mujer lo quería atacar con la olla. Cabe señalar que antes de esto, la mujer nunca mostró ninguna intención de atacar a los oficiales con la olla de agua caliente, sin embargo, el oficial siguió actuando de manera desmedida y, luego de decirle que le dispararía en la cara, la mujer respondió agachándose y tapándose con la olla. El oficial, finalmente atacó a la mujer propinándole dos disparos, uno de los cuales fue en la cabeza, causándole la muerte.
Si nos basamos en las estadísticas, entre los 10,299 delincuentes conocidos en los Estados Unidos, el 51% eran blancos (desconocemos si se incluyen en este porcentaje los oficiales que cometen asesinatos contra afroamericanos y latinos desarmados). Es realmente lamentable que los ciudadanos en Estados Unidos, tanto los afroamericanos como la comunidad hispana, sufran sistemáticamente ataques de esta índole, perpetrados por estadounidenses blancos.
Entre el 2019 y el 2022 hubo un 47% de aumento en los crímenes raciales perpetrados en Estados Unidos (según las estadísticas anuales del FBI), por lo que no es de extrañarnos que este tipo de situaciones se repitan en este país, es lamentable que una persona que se sienta amenazada no pueda acudir a quienes se supone son los cuerpos de seguridad, en este caso los cuerpos policiales, que deberían estar para proteger a la población. Ojalá el gobierno de los Estados Unidos pueda generar conciencia y políticas que minimicen este tipo de actos deplorables y repudiables. Todos merecemos tener los mismos derechos sin importar nuestro origen o color de piel.