Más allá de la «mala suerte»: Crónicas desde la COMAR

Cuando eres venezolana, vives en el extranjero y no conoces de cerca los procesos migratorios, crees que tu experiencia es única; hasta que te topas con las cientos de realidades de personas de todo el mundo que solicitan estatus de refugiado en las oficinas de la COMAR en México.

Creo que las personas venezolanas en toda la región deben ser las más impactadas en esta ola sin precedentes, en la que han emprendido migraciones masivas con resultados diversos: éxitos, fracasos e incluso muertes y pérdidas irreparables. Venezuela no era un país de emigración masiva; al contrario, éramos un país receptor, razón por la cual este fenómeno resulta tan ajeno y doloroso.

Las causas actuales tienen orígenes sociopolíticos claros. La calidad de vida digna se vio mermada tras la era post-Chávez, periódo en el que –tras un auge en la capacidad adquisitiva– sobrevino el colapso. Comprendes tantas cosas mientras esperas tu turno para pedir refugio en un país hermano. Principalmente, comprendes que las causas son contingentes y estructurales, y que no parten únicamente de tu “mala suerte” o de una supuesta falta de empeño en “echarle ganas” a la vida.

Las causas principales son netamente políticas y responden al sistema dominante. La fracasada no eres tú sino el sistema; al ser parte de este, somos arrastradas por la corriente. Mientras tanto, las cincuenta familias más ricas del planeta no ven afectado su status quo, pues son ellas quienes generan las crisis que nos aquejan; nosotres somos el sacrificio que las enriquece.

No es un designio de Dios –o quizá sí, bajo su lógica–, porque mientras justifican revueltas por razones divinas y extrasensoriales, los poderosos se apropian de la materia existente: recursos de toda índole, de lo palpable, de lo que brilla como el oro y los diamantes. Luego, nos ofrecen dádivas imaginarias de un mundo mejor en el “reino de los cielos”, mientras se sirven de los seres humanos para la explotación laboral en sus diferentes formas, perpetuando un sistema esclavista moderno que nos domina y nos deja el paraíso como única esperanza.

Por tanto, solo nos queda dar el resto. Vivir entendiendo cómo funciona el mundo en manos de gobiernos con políticas neoliberales e imperialistas que generan desestabilización global. Es indispensable comprender cómo nos afecta este engranaje para, a partir de ahí, reinventarnos cada día y tratar de aligerar la carga que el sistema nos impone.

Marly Santana García es una administradora de desastres, escritora y activista afrovenezolana radicada en Cancún. Con experiencia como Directora de Protección Civil Municipal y ponente internacional en gestión del riesgo, ha vinculado su trayectoria académica y literaria a las causas sociales, destacando su publicación sobre mujeres y cambio climático (2015). Actualmente se forma en escritura creativa, difunde su trabajo en su blog personal y desarrolla un libro de enfoque afro y dialéctico sobre las migraciones bajo la edición de Isaac Morales, consolidando así su firme compromiso con la defensa de los derechos de las mujeres, especialmente de las mujeres negras en Venezuela y el mundo.

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